Home

Hace pocos días desmontaron el luminoso letrero giratorio de Coca Cola en la avenida Javier Prado. Su retiro parece anticipar la pronta demolición del no menos icónico edificio que lo soportó durante décadas. Ya no hay de qué sorprenderse, el edificio Limatambo es uno más de la lista. He seguido el tema en las noticias y redes sociales; y es un poco irónico: mientras unos lamentan las pérdidas, otros reclaman la intransigencia y lentitud de las autoridades culturales hacia las construcciones contemporáneas. Reclamaron tanto que nuestros representantes acaban de anunciar un “paquete” económico que no hace más que confirmar el nulo interés que existe en la ciudad por el legado construido. Aparentemente a todos nos interesa nuestro patrimonio, pero que levante la mano aquel que quiera su propiedad con un título de intangibilidad.

Pero en lugar de hacer de este artículo un lamento más, voy a tratar de plantear algunas preguntas. En esta ciudad “neoliberal”, alejada ya de cualquier romanticismo, ¿cómo se defiende el legado construido? En esta Lima cuya morfología parece regirse sólo por el ancho de sus vías, ¿cómo debemos reemplazarlo?  

Vita, La Tortuga 

El ex alcalde de Curitiba -Jaime Lerner- empieza sus conferencias diciendo que las ciudades con mejor calidad de vida deben ser como Vita, la tortuga. Vita usa el mismo medio para dormir, trabajar, jugar y movilizarse. Su caparazón, dice Lerner, se asemeja además al típico plano de una ciudad con una escuela, biblioteca, jardines y demás. ¿Qué pasaría si dividimos a Vita y ponemos un pedazo por aquí, el otro por allá y otro más allá? Pues Vita se muere. Hoy por hoy puede parecer obvio decir que una ciudad debe concentrar una diversidad de usos y usuarios; pero en Lima seguimos pensando en dividir la tortuga. 

Esencialmente, si los problemas de infraestructura y movilidad estuvieran encaminados en resolverse, reemplazar una pequeña edificación por otra veinte veces más alta sería lo correcto; para una metrópolis como Lima no existe otro camino más que la densificación vertical. Pero reemplazar una vivienda unifamiliar por 40 departamentos o un pequeño edificio comercial por otro de 60 oficinas sería como reemplazar papas por camotes. Estamos demoliendo una ciudad para construir otra que es sólo más densa y que, más temprano que tarde, quedará obsoleta nuevamente. 

Ciudad Adaptable 

¿Y cómo diseñamos una ciudad adaptable en lugar de una obsoleta? El tema de la ciudad adaptable reflexiona sobre una ciudad que no sólo considera aspectos de múltiples usos, sino también el de la construcción de edificios flexibles y el de la reutilización de edificios antiguos. La arquitectura que conforma áreas como el Ensanche de Barcelona, Fitzrovia en Londres o el mismo Centro Histórico de Lima, ha permitido que una amplia variedad de usos alterne en el lapso de más de 100 años con más o menos cambios puntuales, pero sin tener que modificar su estructura general. El teatro que después fue un restaurante, el almacén que se convirtió en una vivienda o las viviendas que hoy son oficinas. La flexibilidad de los edificios entendida no como aquel cliché que -como un mutante- se transforma físicamente de acuerdo al usuario; sino la de aquellos edificios que por su precisa definición espacial han podido ser reutilizados en el tiempo con distintos estilos de vida y funciones. 

Los cambios en los usos, por supuesto, sería imposible predecirlos, pero sí podemos pensar en una arquitectura lo suficientemente flexible y “estéril” como para no tener que hacerla de nuevo cada 40 años. Si, como en Lima, el cambio es inevitable, los edificios que no puedan acomodarse a los cambios de la ciudad contemporánea desaparecerán. En contraste, aquellos que lleven en su ADN la capacidad de adaptarse, no solo podrían sino que deberían permanecer en pie. 

La Necesidad de Edificios Viejos 

Para Jane Jacobs, autora del afamado libro sesentero “Muerte y Vida de las Grandes Ciudades”, una ciudad debe siempre incluir una porción de edificios antiguos que permitan generar diversidad, tanto en su población como en sus negocios. “Las viejas ideas pueden usar edificios nuevos, pero las ideas nuevas deben utilizar edificios viejos”. En una ciudad que se renueva toda al mismo tiempo, no habrá espacio para aquellos que recién comienzan y, como consecuencia, tendrá menos posibilidades de renovarse y reinventarse constantemente. Los más jóvenes – y con ellos las mayores posibilidades de innovación- se concentrarán en busca de espacios más flexibles y económicos, dejando otras áreas con mayores probabilidades de volverse caducas. Para Jacobs, la ciudad debe seguir una dinámica en la que… “cuando el tiempo haga obsoletos los edificios para algunas empresas, inmediatamente se vuelvan disponibles para otras”. 

Empiezo a pensar que el legado arquitectónico no necesita de ningún (a veces incómodo) título de monumento para permanecer en pie. Me parece que la buena arquitectura, aquella capaz de pasar las pruebas del tiempo, tiende a cuidarse sola.

Publicado en El Comercio el día 8 de Junio del 2013

 Edificiosviejos.Es_resize

_

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s