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Es nuestra primera vez en Asia. Somos tres y, aunque decidimos comenzar por lo más enredado, vamos preparados. Nuestro amigo Katsushi nos dio una lista e instrucciones precisas, partiendo por cómo llegar del aeropuerto al hotel en el centro de Tokio. Nos entregó un mapa del metro y dijo: “Toman el monorriel hasta Hamamatsucho, cambian al tren y se van directo hasta que escuchen por el altoparlante -con una melodía manga de fondo-: Ba-ku-ro-cho, Ba-ku-ro-cho y ahí se bajan.” Ya en Tokio abrimos el mapa, se parece al de Londres…pero superpuesto con el de Paris y el de Nueva York; y claro, está en japonés. 

En Tokio se superpone todo, pero sobre todo la vanguardia con la tradición. En nuestro colorido hotel los inodoros tienen tanta tecnología como un iPhone (parece que los pudieras controlar desde uno) y las duchas aún son colectivas. Tomar un baño en conjunto es una antigua costumbre japonesa y, a pesar de mi elemental pudor occidental y la cara de silencio, mis vecinos plantean una corta conversación: “¿Americano? Sí, específicamente peruano. ¿Peruano? ¡Oh! Fujimori. Sí…Fujimori.” Los límites entre lo domestico y lo colectivo son difusos en Tokio; y la arquitectura, es decir los espacios, rara vez va a la velocidad de los cambios sociales. 

Volviendo a Empezar 

Por diversos motivos que los han llevado a recomenzar una y otra vez, los japoneses han estado constantemente a la vanguardia del desarrollo de la vivienda. Siguiendo la idea de que el elemento principal de la comunidad ya no está centrado en la familia sino en las posibilidades de interacción del individuo, los arquitectos se han deshecho de la idea de que los espacios deben tener una función inherente. Liderados por Riken Yamamoto y Kazuyo Sejima, muchos arquitectos piensan que “la arquitectura no necesariamente debe seguir las necesidades de la sociedad, sino por el contrario, la arquitectura debe crear el marco que permita la gestación de una nueva sociedad”. En sus viviendas, la familia no es más el mediador entre el individuo y la sociedad, sino que es el individuo quien decide cuándo y cómo se relaciona con ambas. 

Ensamble Preciso 

En Tokio se superpone todo, 35 millones de habitantes en un eterno manto urbano lleno de paradojas. Es intenso y a la vez calmado. Nuestro primer destino no está en la lista del amigo Katsushi, pero sí en la mía. Está al oeste, en un típico barrio residencial de Tokio -horizontal, denso y estrecho- donde las viejas viviendas familiares se entremezclan con las contemporáneas y alguno que otro experimento aparece en el paisaje. En Tokio todo huele a nuevo, pero todo lleva la impronta de lo añejo. 

La Casa Moriyama parte de un encargo en el que la vivienda pudiera utilizarse solo para una familia o también para alquilarse como cinco departamentos independientes. Es un ensamble de diez pequeñas cajas blancas, todas de distinta área y altura. El conjunto, aparentemente aleatorio, no lo es en lo absoluto; las ventanas, ingresos y disposición general de cada elemento, juegan a difuminar-y a la vez definir- los límites entre lo público y lo privado, entre lo interior y lo exterior. Su diseñador -Ryue Nishizawa- sigue el pensamiento de su mentora y socia Sejima. La casa es para ambos un pequeño laboratorio doméstico cuyas ideas continúan siendo exploradas obstinadamente en proyectos indistintamente de su escala o función; proyectos que son capaces de funcionar por partes y como un todo a la vez. 

Podría decirse que la casa promueve la vida individualista, pero probablemente el arquitecto crea que fortaleciendo al individuo sea la mejor forma de asegurar la máxima interacción social. Quizás ya acostumbrados, o quizás hastiados de la fama de su hogar, los actuales inquilinos superponen sus rutinas diarias a la vista de los arquitectos que deambulan queriendo fotografiar la Moriyama. Mientras uno sube al techo a colgar su ropa y otro recorta su jardín, se cruzan con un tercero que sale de la caja blanca más grande. Por la precisa disposición de las cajas se nos pierde en el interior del ensamble, pero con los 32°C de temperatura del Sol Naciente, intuimos que iba darse un baño en la caja más pequeña. Este sí, claro, uno privado.

Publicado en El Comercio el día 26 de Enero del 2013

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