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“La Ley de Zonificación (1916) no es solo un documento legal; es también una regla de diseño. En un clima de euforia comercial en el que el máximo legal permitido se traduce inmediatamente en realidad, los “restrictivos” parámetros tridimensionales de la ley sugieren toda una nueva idea de metrópolis”

            Rem Koolhaas

En su libro “Delirio de Nueva York” Koolhaas relata lúcidamente la manera en que distintos factores sociales, políticos y económicos generaron, a través de los años,  un nuevo tipo de edificio – el rascacielos –, y cómo la repetición de su construcción dio como resultado el Manhattan que conocemos. Su manera de ver las cosas es de singular relevancia hoy, justo cuando la “euforia comercial” está reconstruyendo nuestras ciudades. ¿Pero cuál es la nueva idea de metrópolis que sugieren nuestros parámetros?

Arquitectura Anónima

El interés por la arquitectura y el urbanismo peruano en las últimas décadas ha estado concentrado, para bien o para mal, en dos campos. Por un lado las barriadas siguen siendo fuente de conocimiento para propios y extraños. Desde John Turner hasta Rafael Moneo, un importante grupo de arquitectos ha reflexionado sobre la capacidad organizativa de los pueblos jóvenes. En el otro extremo y más recientemente, la arquitectura de viviendas unifamiliares en la costa ha despertado interés por cómo responden al particular contexto donde se ubican. Sin embargo, poca información suele encontrarse sobre la mayoría de arquitectura que se viene consolidando en nuestras ciudades. Ya sea “formal” o “informal” – ¿son válidas estas divisiones hoy? – innumerables edificios de vivienda construidos han venido conformando el nuevo y extenso tejido urbano de nuestra ciudades, multiplicando su altura en los últimos años.

Si bien está conformada por objetos singulares, esta arquitectura solo puede entenderse y estudiarse en su conjunto. Y como Koolhaas señala al describir la evolución del rascacielos, esta arquitectura anónima contiene ya en su estructura formal las características sociales, económicas y políticas que permitieron su desarrollo; son edificios que están más cerca de la racionalidad que del antojo. Por ello, entender esta arquitectura usualmente inexplorada es entender las lógicas de la ciudad y de la sociedad en sí mismas.

Pensando en Grupos

En arquitectura, hablar de grupos es hablar de tipos. Para el mismo Moneo “(…) la obra de arquitectura no puede ser considerada como un hecho único y aislado, singular e irrepetible, una vez que sabemos que está condicionada por el mundo que le rodea y por su historia.” El tipo, por tanto, puede ser entendido como aquel concepto que agrupa y clasifica un conjunto de objetos arquitectónicos que comparten la misma estructura formal. Más aún, el hablar de su estructura formal, es decir, de la idea del edificio, nos permite alejarnos de lo superfluo y accesorio para la arquitectura, como el estilo.

“Lo bueno se repite” es un simpático eslogan que algunos promotores inmobiliarios utilizan para justificar la copia literal de sus proyectos en diferentes lotes, mientras a los arquitectos se nos malogra el hígado ante su falta de originalidad. Sin embargo, y aunque suene paradójico, siguiendo el argumento de Moneo podemos decir que en la repetición del tipo se encuentra la esencia de toda obra arquitectónica, aunque no en el sentido mezquino, claro está. Pero es lógico que una sociedad que comparte la misma época, necesidades, gobernantes y demás, produzca el mismo “tipo” de edificios.

Hoy en Lima, después de años de continuo crecimiento inmobiliario, se puede pensar en una clasificación de lo construido. Clasificación que, por cierto, puede hacerse cuando se cuenta con una masa crítica importante ya construida. Clasificar, agrupar y estudiar lo que hemos venido construyendo es esencial para entender las consecuencias de las reglas o parámetros que previamente planteamos. Es decir, hoy podemos ser capaces de entender el “tipo” de edificios que hemos estado construyendo.

Innovación

Pero el tipo no es sólo un método de entender la arquitectura y la ciudad – no es algo fijo ni estático – es también una forma de proyectarlas. Sólo siendo conscientes de los parámetros o reglas, seremos luego capaces de romperlas. Para Moneo un arquitecto comienza con un tipo pues es lo que conoce. Luego podrá actuar sobre él respetándolo, destruyéndolo o transformándolo. Y precisamente “(…) los momentos más intensos de la historia de la arquitectura son cuando un nuevo tipo ha surgido”, sostiene. Para poder quitarnos la etiqueta de “diseñadores de máscaras”, donde volcamos todo nuestro ingenio en los 50 centímetros de espesor de fachada, debemos entender cuáles son las implicancias de lo que hemos venido construyendo en los últimos años. ¿Qué tipo de calles conforman una serie de estos edificios? ¿Son las calles que queremos caminar? ¿De qué manera su distribución espacial interior condiciona nuestra vida cotidiana? ¿Es realmente la forma en que queremos vivir? Contrario a lo que se piensa, la arquitectura no solo debe reaccionar a los cambios sociales, es decir, a las demandas del mercado, sino que puede y debe inducir a que estos cambios sucedan.

Publicado en El Comercio el día 10 de Agosto del 2013

SeRepite.Es

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