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A la distancia leo las noticias de una Lima que no para de crecer y, sobre la marcha, se va preguntando cómo. También leo respuestas que suenan bien – la ciudad se hace de espacio público, la ciudad la hacemos todos – pero que no dan muchas pistas concretas. Más allá de ello, cabe preguntarse: ¿realmente, cómo hacemos una ciudad contemporánea? Evidentemente no hay una sola respuesta, pero es mejor revisar el trabajo de quienes ya comenzaron a preguntárselo.

Hace unas semanas, durante una visita a Paris, pude visitar la zona conocida como “Rive Gauche” (margen izquierdo); limitada por el río Sena, el Periférico y las vías de tren de la estación de Austerlitz. El “Rive Gauche” es un proyecto urbano ideado en los 90´s con la idea de desarrollar barrios alternativos a los tradicionales en la zona sudeste de la ciudad, reemplazando – y desplazando – vías ferroviarias en desuso. Con la construcción de la Biblioteca Nacional de Francia en 1995 en el centro del área, se dio el primer paso del proyecto. De las distintas sub-áreas que lo conforman, quizás la más interesante conceptualmente sea la desarrollada por el arquitecto francés Christian de Portzamparc: el Barrio de Mássena Norte.

El “Open Block”

Las ideas urbanas de Portzamparc median entre las dos aproximaciones que más han construido ciudad: la clásica – manzanas cerradas con la calle como generadora de actividades (Berlín, por ejemplo); y la moderna – funciones separadas en edificios independientes (Brasilia, por ejemplo). En los años 70, cuando algunos pretendían volver al modelo clásico en rechazo al movimiento moderno, el francés comenzó con la investigación del concepto del “Open Block” (bloque o manzana abierta) en su edificio de Les Hautes Formes. Sin embargo, no sería hasta el proyecto de “Rive Gauche” donde la investigación permitiría sacar conclusiones a una escala urbana.

Para de Portzamparc, el concepto tiene dos características principales: “una es volumétrica (luz, espacio entre los edificios, patios, vacíos y la calle) y la otra es estética (apertura a la diversidad, el futuro y a arquitecturas desconocidas). El francés es de la generación de los baby-boomers, rechaza cualquier aproximación al tratamiento en masa o en serie y su idea del “Open Block” refleja esta actitud. Está basada en el principio de la heterogeneidad, en la idea de que cada manzana o bloque puede incorporar distintos usos, alturas, formas y estilos.

De Portzamparc es de los que piensa que para repensar la ciudad, se debe comenzar por el problema arquitectónico; por el tipo: “(…) opuesto a una aproximación basada en la gran escala usando un plan general, yo empecé por la manzana, el edificio; la relación entre dos edificios y la interacción entre dos manzanas (…)” Las manzanas están ordenadas por una grilla de calles que se benefician de las aperturas entre edificios, generando visuales diagonales hacia el interior del patio de cada una. Por un lado, esta puede ser una primera falencia del plan: la relación con los interiores de las “Open Block” es solo visual. El haber subordinado la propuesta finalmente a un plano de usos de suelo – básicamente con viviendas en el centro y un anillo perimetral comercial – condenó la idea de tener una secuencia de espacios interiores recorribles, a unos a los que solo se puede acceder visualmente, pues responden a usos domésticos. Por el otro, a pesar de que el arquitecto afirma haber querido volcar sobre la calle el protagonismo y actividad que la ciudad moderna le quitó, la realidad no parece reflejarla del todo. La mayor actividad la concentran los dos edificios industriales reciclados por la Universidad Paris Diderot – Paris 7 en el centro del Mássena y el parque a su alrededor. “Las ciudades necesitan de lo formal y de lo informal, de lo íntimo y lo monumental, de lo viejo y de lo nuevo (…)” decía el arquitecto catalán José Luis Sert. La cita se confirma no solo en Rive Gauche sino también en el vecino barrio de Bercy, donde el Cour Saint-Émilion actúa como el corazón del barrio con sus almacenes de vino reciclados.

El diseño final planteado se ve reflejado en un documento que explica el concepto adecuado al lugar. En él se especifica la definición volumétrica de cada lote, una “envoltura” virtual que luego cada arquitecto podría adecuar a su diseño variándolo hasta en un 10%. Por lo tanto, la propuesta volumétrica de Portzamparc fue una de las muchas que finalmente pudieron darse, distinta a la que existe hoy, por cierto.

Aún es pronto para juzgar si el concepto es exitoso o no y, si bien son situaciones distintas, algo podríamos aprender del “Open Block” de Portzamparc en “Rive Gauche”. La discusión no está, como suele centrarse en materia de planificación, en si son técnicos o sociólogos los encargados de planificar las ciudades. ¿Alguien ha visto alguna vez una maqueta volumétrica sobre la visión  que se tiene de algún distrito de Lima? Si existieran, quizás nos daríamos cuenta de los edificios que produce una planificación basada en planos de colores (usos) y alturas y retiros estandarizados arbitrariamente. La discusión debe centrarse en cómo, mediante una aproximación espacial, podemos encontrar fórmulas que finalmente resulten puedan resultar atractivas tanto para los inversores como para la ciudad.

Publicado en El Comercio el día 07 de Abril del 2012_

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